martes, 12 de febrero de 2008

Reflexiones políticas 9/03/2008 (I)


Se acercan las elecciones y casi era obligada una reflexión a cerca de tan importante acontecimiento, el pueblo, tras 4 años de silencio, vuelve a decidir quien va a gobernar, va a elegir que camino debe tomar el país. ¿La democracia es fantástica, no? Cuando la gente quiere izquierda gana el PSOE, cuando la gente quiere derecha gana el PP, con este magnífico péndulo el país avanza viento en popa hacia la prosperidad, a la felicidad individual y colectiva, al moral y justo lucro personal y a la consolidación de la democracia.

¿Quién cojones se cree está mierda?

La historia, al menos desde la invención de la escritura, consiste en esto: sucesión de las relaciones productivas según desarrollo de los medios de producción impulsado por la lucha de clases por el desarrollo/lastre que supongan al desarrollo de estos. Cuando unas nuevas relaciones de producción se imponen frente a otras viejas, imposición generalmente violenta, la sociedad arrastra los esquemas mentales derivados de la organización social anterior, por tanto, los urdidores (y beneficiarios) de la nueva organización social deben hacer lo que esté en su mano para naturalizar, reordenar y rementalizar a la sociedad. No hace falta decir que recurrirán a medidas muy centralistas de poder, autocráticas y autoritarias; para ello, se harán con el control del Estado y su función, fundamentalmente, represiva. Estos cambios se denominan cambios de tipo de Estado (esclavista, medieval, capitalista, etc.).

Con el tiempo perfeccionarán, al igual que se perfecciona cualquier proceso productivo, su hegemonía de manera que el gobernado aceptará vehementemente o, al menos, con pasiva aprobación el orden nuevo. Naturalizarán esta nueva manera de vivir y de pensar y, finalmente, podrán establecer una descentralización del poder, establecerán un Estado configurado en “democracia”. Estos cambios se denominan cambios de forma de Estado.

Esta no será una concesión benévola, los maniobradores del nuevo orden no solo han esperado a asegurarse de que la población, espontáneamente, les elija a ellos para dejarles elegir, no; ésta “democratización” trae consigo un mayor anclaje, es una evolución lógica e inevitable derivado de la mejora constante del amarre superestructural. Y es que una de sus ventajas es que crea la potente ilusión de tener la mano sobre el timón.

Por tanto y según esto, la “democracia” se instaura en regimenes cómodamente establecidos y asentados; es decir, ni en sus primeros pasos donde, en España, si hablamos del capitalismo, se instauró una monarquía liberal, ni en sus épocas de crisis donde se dio el fascismo nacional-católico franquista cuando se temía por el germen del proceso revolucionario que se estaba gestando en la segunda república. Si estamos de acuerdo con esto, llegamos a la inevitable conclusión que la “democracia” actual en el Estado Español no es más que un circo.

Si la democracia consiste en el gobierno del pueblo por el propio pueblo para interés del pueblo y teniendo en cuenta que el capitalismo es un sistema configurado en función del beneficio de la burguesía, una clase privilegiada, poseedora de los medios de producción, y demográficamente minoritaria, la democracia liberal no es más que una forma de maquillar la dictadura burguesa, no es una democracia como tal, si somos amables diremos que es una democracia de baja intensidad, si somos objetivos diremos que es un jodido circo, un teatro.

Perdón por la parrafada pero últimamente andamos escasos de conocimiento político…

Y ya no hablemos de conocimiento ideológico… Rajoy pide el voto independientemente de la ideología, no me extraña, ya no hay debate para ella, ésta se ha enquistado y ya no está presente en la mente colectiva. Los posmodernistas han anunciado su muerte, el fin de la ideología, el fin de la historia; pero, ¿no creen que estos enunciados son descaradamente ideológicos? Claro es que, para un liberal en periodo triunfante, sus ideas son objetivas, tecnocráticas, humildes, empíricas, fértiles, lo demás es falsa y esteril ideología.

Pregunten a alguien qué es la izquierda y qué es la derecha (políticamente hablando) y la respuesta será sonrojante con la mayoría.

¿Adivinan por qué?

En ese sentido, Gabimen tiene parte de razón con su texto de moralismo y demás poyadas… A, por cierto, querido, Stuart Mill es un descarado ideólogo liberal, que vino de perlas para establecer la democracia liberal, de enunciados bochornosos.

Isaiah Berlin dice lloriqueando en el prólogo del libro sobre la libertad sobre la teoría de Mill:

“Lo que sí vio fue el espectáculo de algunos hombres, a todas luces civilizados, que eran reprimidos o se hallaban discriminados, o eran perseguidos por prejuicios, estupidez y <<mediocridad colectiva>>; vio a esos hombres privados de lo que él consideraba como sus derechos más esenciales y protestó. Creía que todo el progreso humano, toda la grandeza humana, la virtud y la libertad dependían principalmente de la preservación de estos hombres y de que los caminos se mantuvieran abiertos ante ellos.”

¡¡FREEDOM FOR BOURGEOIS!!

PP y PSOE, ese bipartidismo, ese falso péndulo que funciona la mar de bien, esos debates aireados, esa, aparentemente, gran diferencia de concepciones…

Sus supuestas diferencias, puestas a la práctica, pueden parecer, si no se examinan durante largo tiempo, verdaderas diferencias políticas e ideológicas. Y en cierta manera, diferencias, las hay, los políticos no son todos tan cínicos como para fingir un falso debate, incluso en una dictadura, velada o no, hay riqueza de planteamientos y de debate, al menos, en la temática paraeconómica, relativamente superflua, estando el debate económico (referente a alternativas, relaciones productivas, privilegios burgueses, etc.), el más importante, tema tabú.

El sistema no es perfecto, como nada en esta vida, así que entre la población, sobretodo en la adulta, gatos viejos ellos, se puede observar un descontento con la clase política (y la política en general) que es tildada justamente de falsa ya que no ejecuta, en lo fundamental, alternativas a lo visto previamente (guste o no guste). Pero incluso esta grieta no deja de ser beneficiosa para la burguesía ya que, raramente, se apunta al verdadero principio activo de éste estancamiento, la clase aristocrática económica (y el capitalismo), sino a los funcionarios y élite política, títeres de esta plutocracia burguesa. De igual manera, la política en general, no ya la concreta, parece convertirse a ojos de para aquél que la burguesía nunca beneficiará directamente (es decir, las demás clases que no sean burguesas, pequeñoburgueses incluidos) en algo irreal, virtual, algo ajeno, distante, un entretenimiento y no algo que afecta directamente a sus intereses.

Y de ahí el absentismo que es el partido que últimamente siempre gana.