lunes, 5 de mayo de 2008

Constreñimiento ecológico y ecologismo chanante



El constreñimiento ecológico

El desarrollo tecnológico y productivo de la humanidad para conseguir para sí un bienestar material e intelectual superior es una constante en la historia de la humanidad. Si algo nos diferencia de los animales es la capacidad de imaginar que incluye la inventiva y según ésta obramos para mejorar nuestras condiciones de vida.

Sin embargo, se ha puesto de manifiesto que existe un conflicto: nuestro planeta, al parecer, ya no puede contener nuestro nivel de consumo y desarrollo. Consumimos materias primas a un nivel superior al que éstas se reponen, parecemos ir directamente al ecocidio, a un más o menos lento suicidio. Se plasma con notoria palpabilidad, para aquél que no quiera estar ciego, una contradicción: desarrollo en las actuales relaciones productivas capitalistas Vs ecosostenibilidad. Podemos decir que hay tres salidas posibles:

- Ignorar el constreñimiento ecológico hipotecando el futuro de las próximas generaciones

Estas posturas solo se pueden defender

Con un par de huevos

- Aceptar como un crimen frente a la tierra el desarrollo perpetrado por el hombre que tendrá, a partir de ahora, que disminuir las fuerzas productivas

Ama la madre tierra, so virus

- Iniciar un desarrollo sostenible bajo las relaciones productivas existentes (o con otras superiores)

Si los americanos vencieron al comunismo, pueden con cualquier cosa

Puedo parecer un oportunista pero yo acabo de
entrar en la aristocracia holliwodiense y tú no

El primero constituye un suicidio, el segundo constituyo una estupidez insuflada por misticismos matriarcales, el tercero será, probablemente, pese a ser el más viable, en el marco ecocapitalista o en un, izquierdista posmoderno, ecosocialismo (ecologismo chanante), un despropósito.


Obviemos aquí la primera y analicemos en profundo las propuestas proecologistas, es decir, la segunda y la tercera.


El ecologismo chanante

Lo siguiente está íntimamente ligado con el izquierdismo posmoderno puesto que analiza como, de una manera similar, el movimiento ecológico está anulado. Si en el izquierdismo posmoderno veíamos como una corriente combativa como el marxismo quedaba banalizada por la superestructura posmoderna mediante el casamiento de su corriente disruptiva izquierdista con la tendencia de autorreafirmar un ego individualista mediante la “actitud”, aquí vemos como la solución a un problema nacido en el marco de la posmodernidad (60-…) fue siempre fútil.

Como otros movimientos revolucionarios, el ecologismo sufre una disrupción entre actitud y viabilidad. Por un lado tenemos a más o menos concienciados ecologistas de base con un mayor o menor grado de compromiso para con la causa. Sus pretensiones justas y necesarias serán derrotadas (debido a una serie de factores interconectados que analizaremos más adelante) y, por algún que otro residuo romántico flotando en la ideología dominante, convertirán su derrotismo en algo estético de modo que, al igual que todo fenómeno más o menos análogo a otros tipos rebeldía, no podrán hacer otra cosa que amar su derrota. En este marco, ya no es tan importante la causa como la actitud, en el ecologismo chantante, el ecologismo mayoritario, es donde más nítidamente se observa esto.

Miento, donde más nítidamente se ve esto es en la neo-caridad capitalista, las ONGs.

La neo-caridad como método de autoconfirmación del Y(I)O

Al igual que los románticos, su inscripción en causas perdidas es algo muy cool. La rebeldía se torna más metafísica, una rebeldía no material que se fundamenta en la actitud y la autoafirmación de la personalidad. El razonamiento del ecologista chanante (y de tantos otros rebeldes guais), que ha encontrado en el ecologismo el complemento perfecto a su personalidad, es “el mundo ya se puede ir a tomar por el culo pues yo tengo la consciencia tranquila amén que mi pose de comprometido me autoafirma como persona con identidad específica frente a los demás y me da ciertas ventajas en el mercado sexual”.

No hay duda, si quieres molar, tienes que reciclar

Analicemos algunos de los factores que lleva a este movimiento de pseudoizquierda al fracaso, como tantos otros que últimamente estoy analizando recibe un influjo gravitacional posmoderno (superestructura del actual capitalismo) que promueve, entre otras cosas, la parcialización, la banalización, la mercantilización, el wannabenismo, la esquizofrenia, etc.

Lisa Simpson, personaje que incluye la idealización de todas las causas
y tendencias izquierdistas posmodernas, ecologista chanante, etc.

Uno de sus grandes problemas es que el ecologista hace un análisis parcial, no porque éste quiera sino porque la visión total hoy en día es muy difícil de alcanzar, el sistema económico invita a ultraespecializarse profesionalmente por la necesidad técnica que supone mantener una magna máquina de múltiples relaciones tecnocráticas con la necesidad de disponer de diversas piezas específicamente preparadas para hacer una función concreta y no general. Nace así el hombre parcial que conoce una parte concreta de algo tan enorme que no es capaz de analizar, queda aislado y su consciencia fragmentada; lo más cerca que estará de conseguir tener una visión de conjunto será con un artificial collage. Si uno quiere cambiar algo, solucionar un problema, tiene que empezar por comprenderlo, por tanto, si un ecologista, uno de los movimientos sociales más claramente fragmentado, pretende cambiar la realidad (camino hacia la destrucción ecológica), es fundamental la empresa analítica, por tanto, el análisis parcial será siempre infructuoso, el ecologista tiene intenciones parciales específicas ignorantes de algo más grande, no comprenderán la raíz de los problemas que pretenden subsanar.

Otro de los grandes problemas del ecologismo de base, el ecologismo chanante es la funesta influencia del misticismo que niega las modernas reflexiones materialistas y científicas y que constituyen un verdadero y alarmante retroceso intelectual. Algunos ecologistas, sobretodo los más “modernos” y guais, suelen defender la segunda vía, estos creen que le debemos objetivamente algo a la tierra, la mística Gea. Y no acaba aquí la cosa, se adscriben con frecuencia en otra clase de misticismos posmodernos, que analizaré en profundo otro día, como el New Age (o religión a la carta), el Straight Edge, los Hare Krishna o la repesca de la Homeopatía (farmacología predescubrimiento de la fisiología moderna, ¿para cuándo una repesca de los métodos de cura de Paracelso o la medicina hipocrática?), etc. Yo me pregunto, ¿si defienden mitologías mesopotámicas, si recuperan la fe prepatriarcal, defenderán también que volvamos a las condiciones atávicas estructurales donde se formaron estas superestructuras? Con la pérdida material vendrá la pérdida cultural, ¿volveremos también a la ley de Talión?

Local de una, actualmente en alza, comida japonesa,
decorado según interiorismo mitológico (Feng Shui),

comprometido con el medio ambiente...
¿se puede molar más?

Y solo si se tiene una mentalidad afín a dogmatismos atávicos, se puede defender análogamente la preferencia de la emancipación animal antes que la humana o, aún más, que la emancipación animal producirá la emancipación humana tal y como la hacen la mayoría de veganos. ¿No son acaso estos despropósitos creados por la desconexión interhumana producida por el individualismo capitalista? ¿No lo suele defender aquellos izquierdistas que decepcionados con las relaciones humanas, se agarran a otras más simples como son la que tiene uno con los animales domésticos? ¿No hay una analogía, pero a un nivel superior, con los freaks (para ellos los animales son también demasiado para su ultraindividualista ego) que consagran su vida, principalmente, a la interrelación con la inerte mercancía (muñecas hinchables, consolas, etc.)?


Sostener que el ser humano es un criminal por utilizar la potencialidad material que la evolución le ha otorgado para vivir mejor es de oligofrenia profunda, los problemas ecológicos no eran importantes hasta que fueron objetivamente perjudiciales, nuestra consciencia no va más allá de aquello que nos afecta empíricamente. Debemos enfrentarnos a la problemática de forma materialista, madura, científica y objetiva; a nuevos problemas, nuevas soluciones.

Analizaremos más adelante el ecologismo en la política, fundamentalmente el ecocapitalismo y el ecosocialismo.